Martes, 8 de septiembre de 2026
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Raíz Salteña

Dos agentes, un sillón y la mente de un asesino: la serie que todavía incomoda

David Fincher viajó a los confines de la conversación más oscura para reconstruir los primeros pasos del perfilado criminal en el FBI, y dejó una serie que funciona como un duelo silencioso.

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Sergio TolabaFolclore y cultura · 8 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Me lo dijo una señora en la fila del kiosco, mientras esperaba su paquete de facturas y el mío de revistas: "Mirá, yo no veo series de asesinos, pero la del hombre ése que los hace hablar, esa la vi entera". Era Mindhunter, claro, la producción que David Fincher pensó como un thriller de conversaciones y terminó convertida en una de las piezas más incómodas del catálogo. La premisa es tan sencilla como perturbadora: dos agentes del FBI recorren Estados Unidos a finales de los años setenta para sentarse frente a asesinos en serie convictos y tratar de entender cómo funciona eso que llaman mente criminal.

Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) son los encargados de esa tarea quieta, casi doméstica, que sin embargo les cambia la vida. Los acompañan psicólogos como Wendy Carr (Anna Torv), que aporta los métodos más sistemáticos de la academia a un trabajo que hasta entonces se hacía a ojo. El trío discute, se desconfía, se cuida, y en ese ida y vuelta se cocina una de las relaciones más verosímiles que dio el género.

La violencia está del otro lado de la cámara

Lo más interesante, lo que vuelve única a esta serie, es que no necesita mostrar casi nada para asustar. La tensión nace de las palabras, del tono de voz, del modo en que un asesino como Ed Kemper describe lo que hizo sin un solo gesto fuera de lugar. Fincher filma esas escenas como si fueran confesiones religiosas: cámara quieta, silencios largos, encuadres que no perdonan nada. Al terminar un capítulo uno no recuerda una persecución, recuerda una frase.

“Son los mismos demonios con diferente nombre, y todos terminaron igual de solos.”Ed Kemper, personaje recreado en Mindhunter

Los personajes de la ficción están apoyados en figuras reales: además de Kemper, aparecen el Hijo de Sam y Charles Manson, entre otros, con un nivel de detalle que vuelve cada entrevista un duelo psicológico. Los actores que los encarnan logran que un cuarto sin ventanas pese más que un tiroteo, y ese es el truco que la serie repite sin cansar.

  • La acción se reemplazó por diálogo: la tensión vive en lo que se dice y, sobre todo, en lo que se calla.
  • El rigor histórico está presente, pero nunca aplasta al personaje.
  • La relación entre Ford, Tench y Carr evoluciona con una consistencia rara en el género.
  • Sólo se hicieron dos temporadas, y aun así el arco se cierra con peso propio.

Quedó pendiente una tercera temporada que nunca se filmó, y quizá eso le da a la serie un aire de obra casi de autor: un ciclo con principio, desarrollo y un final que, sin ser conclusivo del todo, deja al espectador con la sensación de haber leído un libro entero. Para quienes buscan un thriller criminal que trabaje la psicología de sus personajes con la misma obsesión que le dedica a la trama, Mindhunter sigue siendo una referencia difícil de igualar, y eso que ya pasaron varios años desde su estreno.

Cuando volví a caminar hacia mi casa eran casi las seis de la mañana y todavía daba vueltas a esa frase que me quedó dando vueltas en la cabeza, textual como me la crucé en el colectivo: "el demonio no es el que mata, es el que se sienta a escucharlo y vuelve a casa como si nada".

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Sergio TolabaFolclore y cultura

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