Después del golpe: cómo se reconstruye la autoestima cuando la vida cambia de un día para otro
Un estudio de la Universidad de Zúrich acompañó durante seis meses a más de mil adultos que habían atravesado una pérdida y comprobó que la mayoría logra levantarse, aunque hay un núcleo que queda atrapado en el pozo. La psicología explica qué ayuda y qué entorpece esa recuperación.

A Graciela la conocí hace poco en un pueblo chico del sur de la provincia de Buenos Aires, mientras esperaba su turno en la farmacia. Tiene 52 años, dos hijas grandes y un currículum que huele a esfuerzo: enfermera, cajera, administradora de consorcio, vendedora de ropa. Hace ocho meses la despidieron de la clínica donde trabajaba hacía once años, después de un recorte que, según le dijeron, no tenía nada que ver con su desempeño. "Yo entré llorando a mi casa y no paré en tres semanas", me contó mientras apoyaba el bastón en el mostrador. "Me sentía inútil, como si ya no sirviera para nada". Lo que le pasó a Graciela no es raro ni exagerado: es exactamente lo que la psicología describe como una caída brusca de la autoestima después de un golpe fuerte, y es el punto de partida de una investigación reciente que se propuso medir cuánto tarda en recuperarse y por qué algunas personas lo logran y otras no.
El dato oficial lo aportó un equipo de la Universidad de Zúrich, que publicó en 2026 un estudio longitudinal con más de 1.000 adultos alemanes que habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: muerte de un ser querido, separación, pérdida de empleo, fin de una amistad o reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo de 24 semanas y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima. Lo más llamativo del hallazgo es que solo el 11% de los voluntarios mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento; la inmensa mayoría, incluso quienes habían empezado en situaciones muy desfavorables, fue mejorando con el paso de los meses. Los investigadores lo resumen con una palabra: habituación, es decir, el proceso por el cual la mente se va acomodando a la nueva realidad hasta que deja de doler con la misma intensidad.
Qué pesa más que el hecho en sí
Porque no todas las pérdidas golpean del mismo modo, ni siquiera cuando parecen equivalentes. El estudio identificó cuatro moduladores que cambian radicalmente la forma en que se vive un mismo evento: el peso emocional que cada persona le asigna, el grado de control que siente sobre lo ocurrido, el impacto en la posición social y si la experiencia modifica la visión del mundo (por ejemplo, si aparece la sensación de que la vida es injusta). Un despido no duele igual si se interpreta como una señal de incompetencia que si se lee como un ajuste del mercado; una separación no erosiona del mismo modo la autoestima si se procesa como un fracaso personal o como el cierre de un ciclo que ya no funcionaba.
- Peso emocional asignado: cuanto más se personaliza el hecho como un veredicto sobre el propio valor, más profunda es la herida.
- Control percibido: lo que se siente como decisión ajena o del azar suele golpear más que lo que se atribuye a un error propio que puede corregirse.
- Impacto en la posición social: perder un empleo o un lugar en un grupo duele especialmente cuando ese rol sostenía la identidad.
- Cambio en la visión del mundo: cuando la experiencia rompe la idea de que la vida es justa o predecible, la recuperación se vuelve más lenta.
La personalidad también deja su firma. Las personas con altos niveles de neuroticismo, es decir, quienes tienden a interpretar los cambios desde una perspectiva negativa, mostraron mayor dificultad para recuperarse. Ese rasgo puede alimentar la rumiación, la preocupación constante y la tendencia a concluir que un mal resultado dice algo definitivo sobre el propio valor. En el otro extremo, la edad apareció como un factor protector: los participantes mayores mostraron mejor recuperación, probablemente porque acumulan experiencia en haber sorteado golpes anteriores y porque tienen menos terreno identitario en disputa, especialmente en el plano laboral.
El estudio señala además dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima: la pérdida de empleo y el fin de una amistad. Las separaciones de pareja, en tanto, afectan de manera particular cuando se viven como rechazo, porque activan la pregunta más cruda que puede hacerse un ser humano: si no me quieren, algo malo tengo. Para Graciela, la caída duró lo que tardó en empezar a responder avisos y a entender que el despido no era un juicio sobre ella sino una decisión económica de la que ella no tenía la llave. Volvió a trabajar a los cinco meses, esta vez como cuidadora domiciliaria. "No es lo mismo", me dijo con una media sonrisa, "pero me siento útil otra vez". Esa sensación, tan simple y tan costosa, es exactamente lo que los investigadores llaman recuperación.
Si en este momento sentís que la autoestima no levanta, hay lugares a los que podés acudir y que trabajan específicamente con duelos, despidos y rupturas. En la Ciudad de Buenos Aires funcionan los Centros de Salud Mental Comunitaria (Cesac), con atención gratuita y sin turno previo, de lunes a viernes de 8 a 18; en la provincia de Buenos Aires, los hospitales públicos cuentan con servicios de salud mental ambulatoria, en general de 7 a 15. También está la línea gratuita 0800-444-4000 del Ministerio de Salud de la Nación, atendida por profesionales las 24 horas, los siete días de la semana. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino el primer paso para que la habituación llegue antes.
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