Cuando una llaga en la boca deja de ser algo pasajero y empieza a pedir turno
La mayoría se cura sola en una o dos semanas, pero hay señales concretas que indican que conviene consultar a un odontólogo o médico para evitar complicaciones.

A Graciela le apareció una llaga chica en la cara interna del labio inferior un martes a la noche, después de morder sin querer un pedazo de pan tostado. Pensó que se le iba a pasar como otras veces, se colocó un gel de la farmacia y siguió adelante. Cuando el domingo la herida seguía ahí, más grande y con un borde blanquecino, entendió que algo había cambiado: ya no era un traspié cualquiera, era una seña de que el cuerpo le estaba pidiendo otra cosa. Y entonces, como me dijo después con una mezcla de alivio y enojo contra sí misma, decidió pedir turno.
Las aftas —esas úlceras dolorosas que se forman en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua— son muchísimo más comunes de lo que parece. De hecho, según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, afectan a cerca de una cuarta parte de la población a lo largo de la vida. Son lesiones que no tienen origen infeccioso, no se contagian y, en la gran mayoría de los casos, desaparecen solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento.
Qué las provoca y qué hacer cuando aparecen
Qué las provoca y qué se puede hacer en casa
La Clínica Mayo, una de las referencias médicas más consultadas del mundo, enumera un listado bastante reconocible de detonantes: mordeduras accidentales, un cepillado demasiado enérgico, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal ajustada, e incluso los bordes filosos de alguna pieza dental. A eso se suman los alimentos ácidos, picantes o salados, que pueden irritar la zona y prolongar las molestias. Para los casos leves, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos suelen alcanzar para calmar el dolor mientras la lesión sigue su curso.
En ese sentido, el instituto estadounidense aclara que los tratamientos disponibles apuntan a aliviar el malestar y favorecer la cicatrización, pero no garantizan que las aftas no vuelvan a aparecer. Por eso, más allá del gel o del enjuague, identificar el factor que las provoca —y corregirlo, si se puede— es lo que marca la diferencia a mediano plazo.
Las señales que dicen basta y hay que consultar
Cuatro señales claras para no dejar pasar más tiempo
- Cuando la llaga supera las dos semanas sin mejorar.
- Cuando vuelve a aparecer con frecuencia, una y otra vez.
- Cuando la lesión es más grande de lo habitual.
- Cuando surge una nueva antes de que haya cicatrizado la anterior.
A esa lista, la Clínica Mayo suma otras señales que también justifican una consulta: dolor que no se controla con lo que se consigue en la farmacia, molestias que impiden comer o beber con normalidad, o la aparición de fiebrea la lesión. Son indicaciones que conviene tomar en serio, sobre todo en personas mayores o con enfermedades que afectan las defensas, porque una llaga que se extiende demasiado puede terminar interfiriendo con la alimentación y la hidratación.
Ahora bien, que una afta se repita con regularidad no siempre significa que algo grave esté pasando. La misma Clínica Mayo señala que, en algunos casos, las aftas recurrentes pueden vincularse con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Pero —y acá va un dato importante— esa asociación no implica que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba lanzarse a tomar suplementos por su cuenta. La indicación de un análisis de sangre la tiene que hacer un profesional, después de revisar la historia clínica y los síntomas.
Descartar otras causas antes de cerrar el diagnóstico
Por qué el profesional evalúa mucho más que la llaga
Una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte que, antes de etiquetar las lesiones como aftas recurrentes, hay que descartar otras causas posibles. En los episodios frecuentes, la evaluación incluye los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca, porque hay lesiones que se parecen pero no son aftas y necesitan otro abordaje. Por eso, en personas con aftas que vuelven una y otra vez, el profesional puede pedir estudios adicionales para llegar a un diagnóstico firme.
Una llaga ocasional, como la que tuvo Graciela al principio, no es motivo de alarma. La consulta cobra peso cuando aparece alguna de las señales que mencioné antes, cuando el dolor cambia de intensidad o cuando la herida empieza a interferir con lo cotidiano. En esos casos, lo razonable es pedir turno y dejar que un odontólogo o un médico revise, indique estudios si hace falta y marque un plan.
Para hacerse atender en la ciudad de Buenos Aires, se puede concurrir a los centros de salud y hospitales públicos con servicio de odontología, que atienden de lunes a viernes en general de 8 a 14 o de 8 a 17, según el establecimiento. Para situaciones que no son una emergencia, también funciona llamar al 147, la línea gratuita de atención al vecino, para ubicar el centro más cercano. Y si la llaga viene acompañada de fiebre alta o dificultad para tragar, la indicación es acercarse directo a una guardia.
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