Viernes, 11 de septiembre de 2026
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Raíz Salteña

Cuando el living del vecino se vuelve biopic: las dos demandas que le complican el debut a la serie de Moria en Netflix

A menos de un mes del estreno, los hijos de Luis Vadalá se plantaron en Tribunales: primero Ingrid, ahora Ramiro, que además amplió el blanco y metió al director entre los demandados. La familia no pide bajar la serie, pero sí plata y disculpas públicas.

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Sergio TolabaFolclore y cultura · 10 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Me lo dijo una señora en la verdulería del barrio, mientras elegía limones con esa parsimonia de quien tiene el día entero: 'Yo la vi tres veces la serie y te juro que me daba cosa pensar que en esa casa había criaturas'. Lo dijo así, sin levantar la voz, como se cuentan las cosas en el pueblo cuando todavía se cree en la palabra. Y la frase me quedó dando vueltas porque, miren lo que son las casualidades, a esa misma casa que la vecina imaginaba es justamente a la que se refiere el quilombo judicial que hoy tiene parada a la flamante serie biográfica de Moria Casán en Netflix, que ya lleva casi un mes al aire y, en vez de hablar del protagónico que le toca a la One, las conversaciones se concentran en dos presentaciones judiciales que llegaron casi juntas y que, por lo que se ve, no tienen pensado irse tan rápido. Lo que empezó como ruido mediático se transformó en expediente, y lo que parecía una pulseada de críticas en redes pasó a escribirse en carillas con membrete, con horarios y con apellido de juez incluidos.

Una causa ya tuvo primera audiencia y la otra se estira hasta fin de mes

La primera en mover las piernas fue Ingrid, una de las hijas de Luis Vadalá, el exmarido que Moria tuvo cuando el país todavía funcionaba en pesos y sin cajeros automáticos. Ingrid ya pasó por su primera audiencia y quedó a la espera de los próximos movimientos procesales. Ahora bien, lo que encendió la mecha fue la decisión de Ramiro, su hermano, que se plantó en el mismo andarivel judicial y le armó un segundo frente a la producción, que además de apuntar contra Netflix, contra la productora y contra Moria incluyó también al director de la serie, Javier Van de Couter. Es un detalle que no es menor: agregar al director a la lista de demandados suele ser un modo de ensanchar el blanco cuando se busca llegar al corazón creativo del proyecto, a quien tomó las decisiones finales sobre cómo se rodó cada escena.

  • Cuándo se verá la próxima audiencia: el caso de Ramiro tiene su primera citación prevista para fines de septiembre, por lo que todavía restan varias instancias antes de que la Justicia se expida.
  • Qué se reclama en concreto: los demandantes no piden que se bajen los capítulos ni que se editen las escenas donde aparece Vadalá; el reclamo es por dinero y por una retractación pública.
  • Por qué montos figuran en rojo: daño psicológico, daño moral y un perjuicio a la imagen del padre son los tres rubros denunciados, a los que se suma la aparición de una escena con desnudo frente a una hija menor de edad.

Y acá yo me quiero detener un cachito, porque la cosa viene con sus bemoles. La serie, por lo que se sabe, no menciona en ningún momento el apellido Vadalá; al personaje lo llaman siempre por el nombre de pila, como si fuera un recurso para correr el foco del documento y quedar a salvo del código civil. Pero vaya a saber quién lo entiende, a los hijos eso no los conformó y sostienen que igual el público termina identificando al padre, sobre todo porque la producción lo muestra en escenas de consumo de sustancias, en situaciones de violencia y hasta - insisto, esto es lo más sensible - en una secuencia donde aparece desnudo frente a una hija menor. Para la familia, esas decisiones no son licencias artísticas sino un manoseo de la intimidad que habilita que terceros se metan en sus vidas y que el nombre del viejo circule otra vez por diarios y portales, pero esta vez con adjetivos.

La defensa de Moria salió a marcar la cancha

Del otro lado, el abogado de Moria Casán, César Carozza, plantó bandera pública y eligió un ángulo por demás curioso: se quejó especialmente de que se cuestione una escena donde al personaje se lo presenta con un origen humilde y trabajando de mecánico. La pregunta que soltó, medio en broma medio en serio, fue de esas que quedan picando: '¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?'. Es un modo de correr el foco del debate que también dice mucho, porque pone sobre la mesa un tema de clase que a veces se cuela sin pedir permiso en este tipo de disputas.

“Lejos de los tribunales, en un canal de televisión, en una cocina con cámaras encendidas las 24 horas, el propio Luis Vadalá contó en primera persona, durante Gran Hermano Famosos de 2007, varios de los episodios que hoy reaparecen ficcionados en la serie. Es un dato que no debe perderse de vista a la hora de sopesar hasta dónde llega el derecho a contar una historia y dónde empieza el derecho a que esa historia no arruine una tarde de domingo en familia.”Contexto

Yo, la verdad, no tengo la respuesta que pide el cierre. Si una producción biográfica debe tener límites legales sobre cómo retratar a las personas del entorno del protagonista es una pregunta que excede a esta serie y a esta actriz y se mete de lleno en una discusión que la Argentina viene postergando desde hace rato. Lo que sí tengo claro es que el living del vecino dejó de ser territorio privado y hoy cualquier biopic puede terminar en un escrito judicial, y eso, convengamos, le cambia el paisaje a la ficción nacional. Como dijo una puestera del mercado, mientras acomodaba bananas al amanecer y todavía no había nadie en la plaza: 'M'hija, hoy hasta contar tu vida es un riesgo, pero callarte es un riesgo mayor'.

ST
Sergio TolabaFolclore y cultura

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