Crece la demanda de viviendas compactas y tiny houses en la Argentina y se reconfigura el perfil del comprador
El encarecimiento del metro cuadrado, los cambios en la composición de los hogares y el avance de la construcción industrializada explican el interés por departamentos de menor superficie y casas modulares, según Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios. La oferta se diversifica con servicios compartidos y diseño orientado a aprovechar cada ambiente.

El encarecimiento sostenido del metro cuadrado en las principales plazas del país reconfiguró las preferencias de quienes buscan resolver el problema habitacional y motoriza un interés creciente por unidades de superficie reducida, ya se trate de departamentos compactos en edificios o de las denominadas tiny houses. Así lo sostuvo Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios, para quien la decisión de comprar menos metros cuadrados responde tanto a la lógica económica del acceso como a una transformación de fondo en la composición y las necesidades de los hogares argentinos.
De acuerdo con el directivo, el desembolso inicial necesario para ingresar al mercado inmobiliario se volvió una barrera significativa para amplios sectores, lo que coloca a las unidades de menor tamaño como una vía concreta para aprovechar la superficie que efectivamente se puede pagar y reducir el monto exigido al momento de la escritura. La ecuación combina precio del suelo, costo de construcción y financiamiento, y se modifica de manera cada vez más visible en las consultas y operaciones relevadas por la empresa.
Edificios con departamentos chicos y servicios compartidos
En el segmento de los edificios, la oferta comenzó a articular departamentos de uno o dos ambientes con sectores comunes pensados para extender las posibilidades de uso sin incrementar la superficie privativa. Parrillas, salones de usos múltiples, gimnasios, espacios de coworking y jardines forman parte de una estrategia que, según Tapiola, amplía la funcionalidad del conjunto y evita parte de los costos fijos que implica mantener una unidad de mayores dimensiones. La propuesta apunta a usuarios que priorizan la ubicación y la posibilidad de desarrollar actividades fuera del propio departamento.
Tiny houses, construcción modular y nuevos plazos
En paralelo, las tiny houses se posicionan como una alternativa concreta para quienes evalúan una residencia principal, una unidad de fin de semana o una propiedad destinada al alquiler temporario. El formato no responde a una medida única y admite variantes según el terreno y el proyecto, con la particularidad de que los sistemas modulares e industrializados permiten acortar los plazos de obra y, en determinados casos, reducir los costos de desarrollo. Tapiola explicó que esa metodología abre la puerta a financiamiento escalonado y a entregas más rápidas frente a la construcción tradicional.
- Jóvenes que buscan independizarse por primera vez.
- Personas solas que priorizan ubicación y funcionalidad.
- Parejas sin hijos que evalúan unidades más versátiles.
- Inversores que estudian el formato para alquiler temporario o permanente.
- Hogares unipersonales surgidos tras procesos de separación, que reconfiguran la demanda.
Tapiola planteó que una unidad de veinte metros cuadrados o menos, con una distribución adecuada y una buena localización, puede resultar atractiva frente a la alternativa de postergar durante años la compra de una vivienda mayor. La razonabilidad del esquema depende, insistió, de articular tres variables que no pueden desatenderse: precio de acceso, calidad constructiva y funcionalidad de cada ambiente.
Una tendencia que convivirá con el mercado tradicional
Hacia adelante, el CEO de Spazios consideró que estas propuestas no desplazarán a las viviendas tradicionales sino que convivirán con ellas, ocupando nichos específicos del mercado. Su expansión, advirtió, quedará condicionada a la capacidad de los desarrolladores de sostener precios de entrada compatibles con el bolsillo del usuario y, al mismo tiempo, garantizar calidad, ubicación estratégica y adaptabilidad de los espacios. Para un viñatero chico de Pocito, consultado al cierre de la jornada, la clave pasa por no resignar funcionalidad: «prefiero pagar un poco más por algo bien hecho y bien ubicado antes que ahorrar metros y ganar problemas», resumió Donato Soria, mientras observaba una hilera de parrales en su finca ubicada a 650 metros sobre el nivel del mar.
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