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Comodoro Rivadavia, la puerta a la Patagonia Central que suma ballenas, petroglifos y mariscos en un mismo viaje

Cómo llegar, qué hacer y cuánto cuesta organizar una escapada a la ciudad chubutense que desde febrero de 2027 tendrá temporada formal de avistaje de ballenas sei, con caminatas, buceo con lobos marinos y la herencia del petróleo como ejes.

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Romina ZerpaTurismo · 23 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Llegué a Comodoro Rivadavia con la valija todavía oliendo a aeropuerto y la sensación de estar entrando a una Patagonia menos recorrida que la del sur profundo. El viento me pegó de lleno en la costanera y entendí por qué los comodorenses lo tratan como a un viejo conocido: golpea siempre, pero también empuja las velas, las cometas y los sueños de los que se quedan. La ciudad de Chubut me esperaba con una agenda que mezclaba mar, meseta y un anuncio que me hizo aguzar el oído: desde febrero de 2027 arrancará la temporada formal de avistaje de ballenas sei en el golfo San Jorge, un atractivo que hasta ahora circulaba en formato de prueba y que ahora buscará instalarse como producto turístico.

Cómo llegar y cuánto cuesta moverse

Antes de meterme en cualquier circuito conviene aclarar lo básico: Comodoro Rivadavia cuenta con más de 50 vuelos semanales que la conectan con Buenos Aires, Córdoba y otros destinos patagónicos, lo que la transforma en una de las puertas de entrada más prácticas a la Patagonia Central. Para quienes vengan por tierra desde Buenos Aires, son unas 18 horas de viaje por la Ruta 3, una distancia considerable pero atravesada por paisajes que cambian a cada rato, desde la pampa húmeda hasta la estepa más seca cerca del objetivo.

Senderos con vista y geología a flor de mar

  • Pico Salamanca, de 576 metros de altura: ascenso exigente que recompensa con vistas panorámicas del golfo San Jorge, el mar y las formaciones del norte de la ciudad. Conviene salir temprano para esquivar el viento fuerte de la tarde.
  • Área Natural Protegida Rocas Coloradas: tonos rojizos junto al mar, restos de bosques petrificados de millones de años y sectores con fauna local. Es de las postales másfotografiadas del entorno.
  • Ciclismo, cabalgatas y deportes acuáticos como kitesurf y windsurf, aprovechando los vientos constantes del golfo.

Mar, ballenas y lobos marinos

El mar siempre fue protagonista en Comodoro, pero ahora suma un mojón clave: en febrero de 2027 arrancará formalmente la temporada de avistaje de ballenas sei, una especie oceánica que se acerca hasta unas dos millas de la costa. Para los que quieran meterse literalmente al agua, la oferta incluye salidas de esnórquel y buceo con lobos marinos a una breve navegación de la costanera del centro, una experiencia accesible incluso para quienes nunca se animaron a bucear. La ciudad acaba de incorporar además una estación náutica que ordena y jerarquiza estas propuestas.

Mesa patagónica y memoria del petróleo

A la hora de sentarse a comer, Comodoro se da el lujo de mezclar mar y estepa en el mismo plato. Hay cordero patagónico, guanaco y una variedad de productos del mar donde sobresalen los langostinos del golfo San Jorge y la centolla que bajan los pescadores artesanales. También aparecen propuestas con algas locales y coctelería de autor, con iniciativas como Festín de Sabores como vidriera para productores regionales. El recorrido urbano, en tanto, tiene una veta menos turística pero muy potente: la historia del petróleo. El descubrimiento en el Pozo N.º 2, a comienzos del siglo XX, trajo empresas y moldeó barrios enteros, un pasado que el museo del petróleo conserva con rigor y que dialoga con la herencia inmigrante que también forma parte de la identidad comodorense.

Antes de cerrar la nota me senté en un café de la calle San Martín con Marta, moza del lugar hace más de veinte años, que me miró con esa mezcla de orgullo y desconfianza que solo se ve en los patagónicos de pura cepa. “Acá siempre se quejan del viento, pero cuando se va uno se acuerda de él”, me dijo, mientras acomodaba la taza. Le pregunté qué le recomendaría a alguien que viene por primera vez: “Que no se quede solo en el centro, que vaya a Rocas Coloradas al atardecer y que pruebe los langostinos en cualquier restaurante del puerto. Y si tiene la suerte de estar acá en febrero de 2027, que no se pierda las ballenas, porque las ballenas sei no son un show, son un viaje”. Me fui pensando que tenía razón: Comodoro Rivadavia no necesita adornarse demasiado para conquistar a quien llega con tiempo y curiosidad.

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Romina ZerpaTurismo

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