Ciática: cómo adaptar los movimientos al dolor y en qué momento la consulta no puede esperar
Fisioterapeutas y cirujanos ortopédicos coinciden en que la selección de ejercicios depende de cada caso, de la respuesta del cuerpo y de señales de alerta que obligan a interrumpir la actividad.

A Marta, en un pueblo del partido de Exaltación de la Cruz, la despertó una mañana un tirón que le bajaba desde la zona baja de la espalda hasta el pie derecho. Había estado cargando bolsas de comida para sus nietos en una mudanza del barrio y pensó que con reposo se le iba a pasar. Pasaron dos semanas, y el dolor se le instaló como un socio molesto que no la dejaba ni atarse los cordones. Fue a ver a un traumatólogo en Zárate, le diagnosticaron una irritación del nervio ciático y le recomendaron, además de calmantes, una rutina muy específica de movimientos. La historia de Marta es parecida a la de miles de argentinos que cada año buscan alivio para esa molestia que parece viajar por todo el recorrido de una pierna, y que requiere un abordaje cuidadoso para no empeorar.
La guía del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia del Reino Unido (NICE) señala que el dolor ciático suele mejorar con el retorno gradual a las actividades cotidianas, siempre que esa vuelta se mida caso por caso. La fisioterapeuta Jennifer Howe, en línea con esa recomendación, es clara: el ejercicio debe interrumpirse si aparece más dolor o presión durante su ejecución, y no reemplaza bajo ningún aspecto la evaluación profesional. Para la mayoría de los pacientes, la indicación pasa por seleccionar movimientos de cadera, abdomen y espalda, con tiempos y repeticiones que funcionan como orientación y no como receta cerrada.
Cuando el cuerpo pide parar y cuándo hay que consultar de urgencia
Antes de probar cualquier postura para aliviar la ciática conviene leer las señales del propio cuerpo. El cirujano ortopédico de columna Rohan Desai explica que la irritación del nervio ciático puede presentarse como dolor, sensación de quemazón u hormigueo que compromete la región lumbar y una pierna. Esas molestias, por sí solas, no alcanzan para armar una rutina: los movimientos se eligen después de un examen profesional y se ajustan a la respuesta de cada persona. La regla de oro es simple: si la molestia aumenta mientras se hace el ejercicio, se detiene.
Hay, además, tres banderas rojas que justifican la consulta inmediata: debilidad muscular evidente, una pérdida marcada de sensibilidad y dificultades para controlar la vejiga o los intestinos. En esos casos, la espera se termina: el cuadro requiere atención médica sin demora, porque puede estar señalando que la compresión del nervio avanzó a un punto que necesita intervención urgente.
Cuatro movimientos que suelen recomendarse, con sus tiempos orientativos
- Figura de cuatro para la cadera: acostado boca arriba, se apoya un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna y se acercan ambas hacia el pecho. Mantener treinta segundos y repetir tres veces por lado, sin provocar más dolor.
- Estiramiento de pierna cruzada: sostener una pierna por detrás de la rodilla y llevarla despacio hacia el hombro del lado contrario, durante medio minuto, tres repeticiones antes de cambiar de pierna, sin tirones.
- Activación abdominal: boca arriba, con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas en la cama, se contrae el abdomen y se aproxima la parte baja de la espalda al colchón. Diez repeticiones de cinco segundos cada una.
- Rodillas al pecho: llevar ambas rodillas hacia el pecho y sostener la posición treinta segundos, tres veces, solo si la molestia disminuye en lugar de crecer.
- Apoyo sobre antebrazos: para cuadros vinculados a una hernia discal, recostarse boca abajo apoyándose en los antebrazos con los codos alineados bajo los hombros, durante treinta segundos, y repetir únicamente si el dolor que desciende por la pierna mejora.
Para que estas orientaciones tengan sentido, Howe y Desai coinciden en una idea que vale la pena repetir: ningún video, ni siquiera los más cuidadosos, reemplaza la evaluación de un profesional. En la Argentina, el primer paso suele ser la consulta con un médico clínico o un traumatólogo, que puede derivar al paciente a un servicio de kinesiología. En centros de salud públicos y en hospitales de agudos, los turnos para kinesiología se gestionan por derivación médica, en general de lunes a viernes de 8 a 18, mientras que las guardias traumatológicas funcionan las 24 horas para los casos con banderas rojas. PAMI, las obras sociales provinciales y la mayoría de las prepagas cubren las sesiones de kinesiología con autorización previa, aunque los topes de prácticas anuales varían según el plan. Si el dolor apareció hace menos de tres semanas y no hay debilidad ni pérdida de sensibilidad, la consulta programada es razonable; si hay alguna de las señales de alerta, la guardia es el camino.
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