Almendras antes de dormir: lo que dice un estudio de cinco meses sobre el descanso y sus límites
Un ensayo clínico con 175 adultos en la India evaluó qué pasa cuando se suman unas 50 almendras diarias a la cena. Los participantes durmieron mejor, según su propia percepción, aunque las mediciones objetivas fueron más cautas. Qué encontraron los investigadores, por qué los resultados no son definitivos y cuándo conviene consultar al médico.

A sus 47 años, Ramesh, un empleado administrativo que vive en una ciudad mediana del estado de Karnataka, llevaba meses arrastrando una queja que se repetía cada mañana: se acostaba temprano, conciliaba el sueño sin demasiado esfuerzo, pero a las dos o tres de la madrugada ya estaba otra vez mirando el techo. Esa sensación de sueño fragmentado fue lo que lo empujó a sumarse, casi por curiosidad, a un ensayo clínico que durante cinco meses siguió a 175 adultos indios de entre 21 y 55 años para probar si incorporar almendras a la rutina nocturna cambiaba algo en su descanso.
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Nutrition, dividió a los participantes en dos grupos: uno incorporó aproximadamente 50 almendras diarias a su alimentación, mientras que el otro recibió una colación con aporte calórico equivalente. Al cierre del período, quienes sumaron el fruto seco tuvieron mayor probabilidad de alcanzar una mejora considerada clínicamente significativa en sus puntajes de calidad de sueño, según los cuestionarios que completaron los propios voluntarios.
Lo que midió el ensayo y a quiénes incluyó
La investigación trabajó con personas que yapartían de una calidad de sueño deficiente y excluyó de manera explícita a quienes padecían trastornos mayores como apnea del sueño, narcolepsia o insomnio crónico diagnosticado. A lo largo de los cinco meses se combinaron tres tipos de registros: cuestionarios de autopercepción, mediciones de ondas cerebrales y marcadores bioquímicos, entre ellos niveles de melatonina. Esa batería mixta es la que permitió comparar qué tanto coincidía lo que sentían los participantes con lo que los instrumentos objetivos podían objetivar.
La diferencia más marcada apareció en la calidad percibida del descanso: los voluntarios del grupo que consumió almendras reportaron interrupciones menos frecuentes y mayor facilidad para dormirse. En cambio, los cambios detectados con herramientas de medición objetiva fueron más acotados, un matiz que el propio ensayo se encarga de remarcar y que sirve como freno a cualquier lectura entusiasta.
Por qué las almendras podrían ayudar, según los autores
- Magnesio: presente en el fruto seco, es un mineral necesario para la actividad muscular y nerviosa, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, y suele aparecer asociado a la regulación del sueño en la literatura nutricional.
- Triptófano: aminoácido que el organismo utiliza para producir serotonina y, a partir de ella, melatonina, la hormona central en la regulación del ciclo sueño-vigilia.
- Proteínas, grasas insaturadas y fibra: una combinación que favorece una digestión más lenta y ayuda a mantener niveles de glucosa más estables durante la noche, un factor que distintos especialistas vinculan con menos despertares.
- Melatonina: los participantes que comieron almendras mostraron niveles algo más altos de esta hormona al cierre del estudio.
Esa es, al menos, la lectura biológica que los investigadores proponen para explicar lo observado. Que el organismo encuentre en una sola porción nocturna todos los mimbres para un mejor descanso no es lo mismo que decir que las almendras funcionen como un tratamiento, y el propio ensayo lo aclara: incorporar el fruto seco puede formar parte de una estrategia alimentaria compatible con un buen reposo, pero no reemplaza el abordaje médico cuando hay síntomas sostenidos.
Los límites del estudio y por qué importa leer la letra chica
La investigación contó con financiamiento del Almond Board of California, la entidad que representa a la industria de almendras de ese estado norteamericano. Que una industria pague por un estudio no invalida los hallazgos, pero sí obliga a mirar los resultados con cuidado y a esperar investigaciones independientes, con diseños distintos y muestras más amplias, que permitan corroborar o matizar lo encontrado en esta cohorte de 175 adultos del sur de Asia.
“El insomnio sostenido, la somnolencia diurna marcada o las pausas respiratorias nocturnas requieren evaluación profesional y no deberían tratarse con cambios aislados en la dieta.”Organización Mundial de la Salud
A dónde acudir y en qué horario
En la Argentina, quienes sufran trastornos de sueño de manera prolongada pueden acercarse a los servicios de neurología o de medicina del sueño de los hospitales públicos, donde se realizan estudios específicos como la polisomnografía. En la ciudad de Buenos Aires, el Hospital de Clínicas atiende consultas ambulatorias de neurología de lunes a viernes, en general a partir de las 8, con derivación previa del centro de salud. Otra opción son los centros privados con unidades de sueño, que suelen funcionar con turno programado y cobertura de las principales prepagas. También se puede llamar al SAME (107) si aparecen síntomas agudos como pausas respiratorias observadas por la pareja o despertares con sensación de ahogo. Y antes de cualquier cambio alimentario pensado para dormir mejor, la consulta con un médico clínico o un nutricionista sigue siendo el primer paso, sobre todo en personas con diabetes, alergias alimentarias o tratamientos crónicos.
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