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Aguas que curan y relajan: el boom de las termas argentinas y por qué vale la pena zambullirse

Más de 40 complejos termales reciben a un público cada vez más grande que busca bienestar, descanso y tratamientos terapéuticos. Entre Ríos y Santiago del Estero lideran la demanda, mientras Buenos Aires y Neuquén suman propuestas nuevas. Una recorrida por el fenómeno, con los tiempos, los precios y los secretos de un lugareño.

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Romina ZerpaTurismo · 31 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Arrancamos temprano desde Buenos Aires con el tanque lleno y el mate todavía tibio. Rumbo a Santiago del Estero la ruta es larga: unas 1.100 kilómetros que, depending del tránsito, se estiran entre doce y catorce horas si uno va en auto particular. Pero la promesa de meterse en una pileta de agua caliente a 42 grados, después de tantos kilómetros, funciona como mejor combustible. Y así lo entienden miles de turistas que cada año eligen las termas argentinas como destino: según datos de la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, en la última década las visitas a los hoteles termales de Las Termas de Río Hondo se duplicaron, mientras que Entre Ríos, que concentra 16 centros en 13 ciudades, creció un 110 por ciento en el mismo período y recibió más de 2,5 millones de visitantes solo en 2023.

Dos polos y dos experiencias bien distintas

Santiago del Estero y Entre Ríos encabezan el ranking, pero no se parecen en nada. Río Hondo es la clásica escapada termal de relax: hoteles grandes con piscinas techadas y al aire libre, temperaturas que promedian los 40 grados y un ambiente familiar donde la gente repite año tras año. Ahí, en 2023, se alojaron más de 170.000 personas en hoteles termales. Entre Ríos, en cambio, ofrece un combo distinto: las termas se reparten por pueblos chicos rodeados de ríos, arroyos y monte, y la experiencia suele terminar con un asado o una caminata por la costanera.

El motor del crecimiento es claro. Desde la Secretaría de Turismo lo resumen así: ampliación y jerarquización de la infraestructura, oferta diversificada de actividades y un interés creciente de personas que quieren mejorar su bienestar en un entorno natural. O sea, ya no se va solamente quien tiene una dolencia específica; va también quien necesita parar, desconectar y volver al cuerpo.

Aguas que no son todas iguales

Algo que descubrí en la recorrida y que vale la pena aclarar: no todas las aguas termales son iguales, ni sirven para lo mismo. Por temperatura se dividen en hipotermales (entre 20 y 35 grados), mesotermales (de 35 a 45) e hipertermales (por encima de los 45). Y por composición mineral pueden ser sulfurosas, cloruradas, bicarbonatadas o ferruginosas, entre otras. Esa mezcla de temperatura y minerales es lo que define si el agua sirve para relajar músculos, tratar la piel o trabajar en rehabilitación.

“Los beneficios son sobre todo de relajación, y el sistema más beneficiado es el osteoarticular. También hay efectos sobre la piel, como exfoliación y absorción de minerales, y sobre el sistema cardiovascular, porque la vasodilatación aumenta la circulación.”

Destinos nuevos para tener en el radar

  • Termas de Tapalqué (Buenos Aires): abrió en 2023, está a 265 kilómetros de la Ciudad y es una opción ideal para una escapada corta de fin de semana largo, sin volar ni tomarse muchos días.
  • Centro de Rehabilitación Termal de Loncopué (Neuquén): reabrió en abril de 2026 con foco en kinesiología y fisioterapia. Es una alternativa distinta, pensada para tratamientos específicos en la Patagonia.
  • La oferta tradicional en Entre Ríos y Río Hondo: sigue siendo la más completa en hotelería, cantidad de piscinas y servicios asociados, como spa, gastronomía regional y excursiones.

Cuánto sale y cuánto lleva llegar

Para tomar como referencia: el Hotel Los Pinos de Río Hondo tiene aguas que en origen promedian los 42 grados y en las piscinas se mantienen entre 39 y 44 grados. Por su parte, Durval Chaud, médico responsable del equipo de salud del establecimiento, explica que esas aguas contienen variedad de minerales sin una concentración muy elevada de ninguno, y por eso resultan tan bien toleradas. En cuanto a precios y traslados, varían mucho según la temporada y el lugar, pero como regla general: una noche en un hotel termal estándar en Río Hondo o Federación arranca en valores accesibles en temporada baja y se duplica o más en julio o Semana Santa, y conviene reservar con anticipación. El esfuerzo de manejar 12 horas hasta Santiago del Estero o 6 hasta Federación, vale la pena cuando uno se sumerge en la primera pileta.

Antes de cerrar la nota, me crucé con Elba, una jubilada de Tucumán que va a Río Hondo desde hace quince años seguidos. Me lo dijo con esa calma que solo tienen los que ya encontraron lo que buscan: "Hija, no deje de bañarse al atardecer, que es cuando el agua está más tibia y no hay nadie. Eso es lo mejor de todo, el silencio". Se lo cuento porque es la mejor recomendación que me dieron en todo el viaje. Y porque, en el fondo, de eso se trata esto: de volver al cuerpo, aunque sea por una tarde.

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Romina ZerpaTurismo

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